Poder continental francés
Las victorias napoleónicas habían convertido a Francia en la principal potencia militar del continente.
Entre marzo y mayo de 1808, la monarquía española sufrió una crisis sin precedentes. El Motín de Aranjuez derribó a Manuel Godoy y obligó a Carlos IV a abdicar en su hijo Fernando. Napoleón aprovechó el enfrentamiento entre padre e hijo, los atrajo a Bayona y obtuvo la renuncia de ambos a la Corona. La entrega posterior del trono a José Bonaparte abrió un vacío de poder y aceleró el levantamiento contra la ocupación francesa.
De la invasión de Portugal a la ocupación de España
España y la Francia napoleónica acordaron invadir Portugal, el principal aliado continental de Gran Bretaña, y dividir su territorio después de la conquista. Para ejecutar el plan, Carlos IV autorizó el paso de un ejército francés por España. Napoleón aprovechó aquella entrada para desplegar nuevas tropas y ocupar posiciones estratégicas españolas. El tratado, concebido como una operación contra Portugal, se convirtió así en uno de los antecedentes directos de la crisis de 1808 y de la Guerra de la Independencia.
Tras fracasar la invasión de Gran Bretaña, el emperador buscó derrotarla mediante una guerra económica
A comienzos del siglo XIX, Francia dominaba buena parte del continente europeo, mientras Gran Bretaña conservaba una clara superioridad marítima. La victoria británica en Trafalgar había demostrado que Napoleón no podía derrotar fácilmente a la Royal Navy ni desembarcar un gran ejército en las islas británicas.
El Decreto de Berlín de noviembre de 1806 impulsó el llamado bloqueo continental. Napoleón pretendía impedir que los puertos europeos comerciaran con Gran Bretaña y esperaba que la pérdida de mercados debilitara su economía. Para que el sistema funcionase, ningún Estado costero podía permanecer abierto a los productos y buques británicos.
España era aliada de Francia desde 1796 y había vuelto a entrar en guerra contra Gran Bretaña en 1804. Después de Trafalgar su capacidad naval se había reducido y su política exterior dependía cada vez más de Napoleón. La presión francesa se concentró entonces sobre Portugal.
Las victorias napoleónicas habían convertido a Francia en la principal potencia militar del continente.
La Royal Navy protegía el comercio británico e impedía a Napoleón dominar los océanos.
Francia exigía el cierre de los puertos europeos a los buques y productos británicos.
La alianza francesa comprometía los recursos españoles y reducía la autonomía diplomática de Carlos IV.
La alianza británica, el comercio atlántico y el imperio brasileño hacían muy costosa cualquier ruptura con Londres
Portugal mantenía una antigua relación diplomática y comercial con Gran Bretaña. Su economía dependía del tráfico atlántico y de las comunicaciones con Brasil, mientras la flota británica podía proteger sus rutas o atacar sus posesiones. Cumplir plenamente el bloqueo continental exponía a la monarquía portuguesa a graves pérdidas.
El príncipe regente Juan intentó ganar tiempo mediante negociaciones y concesiones parciales. Napoleón exigía el cierre de los puertos, la ruptura con Gran Bretaña, la confiscación de bienes británicos y la detención de sus súbditos. La respuesta portuguesa fue considerada insuficiente.
Francia decidió imponer por la fuerza el cumplimiento del bloqueo. Para llegar rápidamente a Lisboa, sus tropas debían atravesar España. La cooperación de Carlos IV y Godoy permitía además presentar la campaña como una empresa conjunta y no como una expansión francesa unilateral.
Porque la alianza británica protegía su comercio oceánico y sus comunicaciones con Brasil. Una ruptura completa podía dejar el imperio portugués expuesto a la Royal Navy y provocar una grave crisis económica y de abastecimiento.
Los representantes de Napoleón y Carlos IV negociaron la invasión y el futuro reparto de Portugal
El tratado fue concluido en Fontainebleau el 27 de octubre de 1807. Lo firmaron Gérard Duroc, gran mariscal del palacio de Napoleón, y Eugenio Izquierdo, consejero de Estado y representante plenipotenciario de Carlos IV.
El documento era secreto y regulaba la futura situación de Portugal después de su conquista. Junto al tratado se acordó una convención militar que organizaba la entrada de fuerzas francesas en España, su marcha hacia Lisboa y la participación de varias divisiones españolas.
Godoy veía en la operación una oportunidad para resolver el problema portugués, satisfacer las exigencias de Napoleón y recibir un territorio propio en el sur de Portugal. Para el emperador, la autorización española eliminaba un obstáculo logístico y abría la Península a sus ejércitos.
El acuerdo se firmó en la residencia imperial de Fontainebleau, al sureste de París.
Representó a Napoleón en la firma del tratado.
Firmó como plenipotenciario de Carlos IV y siguiendo las instrucciones del gobierno de Godoy.
La proyectada división de Portugal no fue presentada públicamente a las poblaciones afectadas.
El tratado diseñó nuevos territorios dependientes de los intereses dinásticos de Francia y España
Entre-Duero-y-Miño, incluida Oporto, formaría un reino para el soberano de Etruria, perteneciente a la familia Borbón-Parma.
Beira, Trás-os-Montes y la Estremadura portuguesa quedarían provisionalmente en suspenso hasta una futura paz general.
El Alentejo y los Algarves serían entregados a Manuel Godoy con carácter hereditario.
Los nuevos territorios del norte y del sur reconocerían al rey de España como protector.
El norte portugués, con Oporto, debía convertirse en el Reino de la Lusitania Septentrional. Serviría para compensar a la casa reinante de Etruria por la pérdida de sus territorios italianos, absorbidos por la política napoleónica.
El Alentejo y los Algarves formarían un principado para Godoy y sus descendientes. Las provincias centrales quedarían pendientes de una decisión posterior y podían utilizarse en una negociación general, incluso como pieza de intercambio para recuperar territorios perdidos frente a Gran Bretaña.
La población portuguesa no participó en estas decisiones. El tratado trataba el territorio y la dinastía de Braganza como elementos negociables dentro de la política imperial napoleónica.
Francia aportaría el núcleo del ejército dirigido contra Lisboa y España ocuparía el norte y el sur de Portugal
La convención anexa concretó el dispositivo militar. Un cuerpo francés de 25.000 infantes y 3.000 jinetes avanzaría hacia Lisboa. Se le uniría una fuerza española de 11.000 hombres y treinta piezas de artillería. Otras dos divisiones españolas debían operar por separado.
Una división española de 10.000 hombres ocuparía Entre-Duero-y-Miño y Oporto. Otra, formada por 6.000 soldados, actuaría en el Alentejo y los Algarves. España debía facilitar el tránsito y el abastecimiento del ejército francés mientras este cruzaba su territorio.
Napoleón se reservaba además la posibilidad de concentrar en Bayona un nuevo ejército de 40.000 hombres, oficialmente preparado para intervenir si Gran Bretaña enviaba tropas a Portugal. Esta previsión facilitaba una presencia militar francesa mucho mayor que la necesaria para la primera campaña.
El cuerpo principal incluía 25.000 soldados de infantería y 3.000 de caballería bajo mando francés.
Ocho mil infantes y tres mil jinetes españoles debían sumarse al cuerpo que marchaba hacia Lisboa.
Una fuerza española tomaría Oporto y la región de Entre-Duero-y-Miño.
Otra fuerza española ocuparía el Alentejo y los Algarves.
La invasión consiguió ocupar la capital, pero no capturar a la familia real ni controlar el imperio portugués
El general Jean-Andoche Junot dirigió el Cuerpo de Observación de la Gironda. Sus tropas habían comenzado a entrar en España incluso antes de la firma definitiva del tratado. Avanzaron con rapidez, pero el mal tiempo, las malas comunicaciones y la falta de suministros desorganizaron profundamente la marcha hacia Lisboa.
El ejército invasor cruzó la frontera portuguesa en noviembre de 1807. Ante su aproximación, el príncipe regente Juan decidió trasladar la familia real, el gobierno y parte de la Corte a Brasil bajo protección naval británica. La expedición partió de Lisboa el 27 de noviembre.
Junot entró en Lisboa el 30 de noviembre, demasiado tarde para capturar a la dinastía. La transferencia de la Corte preservó la continuidad de la monarquía portuguesa y convirtió a Río de Janeiro en el centro político de su imperio. La ocupación peninsular tuvo así profundas consecuencias también para la historia de Brasil.
Porque impidió que Napoleón capturara a la familia real y se apoderara de toda la estructura de la monarquía. Desde Brasil, la dinastía de Braganza pudo mantener su legitimidad, gobernar el imperio y colaborar con Gran Bretaña contra la ocupación francesa.
Nuevos cuerpos franceses cruzaron los Pirineos y tomaron fortalezas que no eran necesarias para la campaña portuguesa
La conquista de Lisboa no detuvo la entrada de soldados franceses. Durante el invierno de 1807-1808 nuevos cuerpos atravesaron la frontera y se desplegaron por el norte y el centro de España. El número total superó ampliamente las necesidades de comunicación con Portugal.
Las fuerzas napoleónicas ocuparon mediante presión, engaño o sorpresa plazas como Pamplona, Barcelona, San Sebastián y Figueres. El control de fortalezas y vías de comunicación demostraba que Francia preparaba una operación política y militar de mayor alcance.
Carlos IV y Godoy evitaron inicialmente una ruptura abierta porque el ejército español estaba disperso y una parte de sus mejores tropas se encontraba fuera del país al servicio de la alianza. El gobierno perdió así capacidad de reacción mientras aumentaban el miedo y la indignación.
Francia aseguró ciudadelas y pasos estratégicos sin relación directa con la marcha hacia Portugal.
Alojar y alimentar a decenas de miles de soldados aumentó la tensión con la población.
La Corte temía provocar a Napoleón y no disponía de una estrategia eficaz para expulsar a las tropas.
Rumores, incidentes y requisas transformaron la desconfianza en rechazo abierto a la presencia francesa.
Napoleón convirtió la división de la familia real en un instrumento para intervenir en la Corona española
La oposición a Godoy se había agrupado alrededor del príncipe Fernando. La conspiración de El Escorial, descubierta en octubre de 1807, reveló contactos secretos del heredero y una lucha abierta dentro de la familia real. Carlos IV denunció públicamente a su hijo y después lo perdonó.
La entrada francesa debilitó todavía más a Godoy. Sus adversarios difundieron la idea de que había entregado España a Napoleón a cambio de recibir un principado portugués. Fernando aparecía ante numerosos sectores como la alternativa capaz de terminar con aquella política.
Napoleón mantuvo la ambigüedad. Evitó reconocer claramente a uno de los bandos y dejó que la crisis avanzara mientras sus soldados aseguraban el territorio. El conflicto dinástico facilitó después su intervención como supuesto árbitro.
En menos de siete meses, una alianza militar terminó provocando el hundimiento de la monarquía española
En marzo de 1808, ante el avance francés y los rumores de que la familia real abandonaría la Península, estalló el Motín de Aranjuez. Godoy fue detenido y Carlos IV abdicó en Fernando VII. El cambio de rey no resolvió la ocupación ni obtuvo el reconocimiento inmediato de Napoleón.
El emperador convocó a padre e hijo en Bayona y consiguió sus renuncias a la Corona. Después entregó el trono a su hermano José Bonaparte. Mientras se desarrollaban estas maniobras, la violencia del 2 de mayo en Madrid desencadenó levantamientos en numerosos territorios.
El tratado que debía asegurar la cooperación hispano-francesa contra Portugal terminó siendo recordado como la puerta de entrada de la ocupación napoleónica. La Guerra de la Independencia enfrentó desde 1808 a franceses, españoles, portugueses y británicos en un conflicto devastador.
La rápida sucesión de acontecimientos entre 1806 y 1808
Napoleón proclama el bloqueo continental y ordena cerrar los puertos europeos al comercio británico.
Francia exige al gobierno portugués una ruptura completa con Gran Bretaña y prepara una intervención militar.
El Cuerpo de Observación de la Gironda inicia su marcha hacia Portugal antes de concluirse el acuerdo definitivo.
Duroc e Izquierdo firman la invasión conjunta y el proyecto de reparto de Portugal.
La Corona anuncia el descubrimiento de una conspiración relacionada con el príncipe Fernando y sus partidarios.
El ejército francés cruza la frontera y acelera su marcha hacia Lisboa.
La familia real y buena parte del aparato de gobierno embarcan bajo protección británica.
Junot entra en la capital portuguesa después de la salida de la Corte.
Las tropas francesas toman posiciones estratégicas y revelan que sus objetivos no se limitan a Portugal.
Godoy cae y Carlos IV abdica en Fernando VII.
El ejército francés ocupa la capital en medio de la crisis dinástica.
La resistencia popular es reprimida por las tropas francesas y la insurrección se extiende por España.
Napoleón obtiene las renuncias de Carlos IV y Fernando VII y entrega la Corona a su hermano José.
Monarcas, ministros, diplomáticos y mandos militares
Napoleón Bonaparte
Emperador francés e impulsor de la invasión de Portugal y de la posterior ocupación de España.
Carlos IV
Rey de España que autorizó el paso de las tropas francesas.
Manuel Godoy
Principal ministro español y beneficiario previsto del Principado de los Algarves.
Fernando de Borbón
Príncipe de Asturias y centro de la oposición cortesana contra Godoy.
María Luisa de Parma
Reina consorte, madre de Fernando y firme defensora de Godoy.
Términos indispensables para comprender Fontainebleau y la crisis peninsular
El acuerdo no causó por sí solo la guerra, pero proporcionó a Napoleón el instrumento militar para intervenir en la Península
El Tratado de Fontainebleau respondía a un objetivo real de la estrategia napoleónica: cerrar los puertos portugueses a Gran Bretaña. España participó activamente en la invasión y esperaba obtener ventajas territoriales y políticas del reparto de Portugal.
Sin embargo, el acuerdo creó una enorme asimetría. Francia podía introducir sus ejércitos por una frontera abierta y abastecerlos dentro de España, mientras la monarquía de Carlos IV carecía de fuerza y unidad política para controlar sus movimientos. Napoleón explotó esa ventaja.
La ocupación de fortalezas españolas, el conflicto entre Carlos IV y Fernando y la caída de Godoy transformaron una operación contra Portugal en una crisis de soberanía. Las abdicaciones de Bayona y la imposición de José Bonaparte provocaron una resistencia que el emperador no había previsto en toda su magnitud.
La campaña tomó Lisboa, pero la Corte escapó a Brasil y la resistencia continuó.
Las tropas francesas obtuvieron acceso a rutas, ciudades y fortalezas estratégicas.
La división dinástica impidió organizar una respuesta política coherente frente a Napoleón.
La ocupación desencadenó levantamientos y una guerra internacional de enorme duración y violencia.
La huida de los Braganza trasladó el centro de la monarquía portuguesa al otro lado del Atlántico.
La ausencia de un rey reconocido abrió el camino a juntas, Cortes y nuevas ideas políticas.
Fontainebleau fue una decisión de enorme riesgo y permitió la entrada francesa, pero el tratado autorizaba una campaña conjunta contra Portugal, no la conquista de España. Napoleón rebasó sus términos al introducir nuevos cuerpos, ocupar fortalezas españolas y explotar la crisis dinástica. La responsabilidad de Godoy reside en haber aceptado un acuerdo que dejó a la monarquía peligrosamente expuesta.
Documentos y estudios para profundizar en el tratado y sus consecuencias
La presencia de tropas francesas y la rivalidad entre Carlos IV y Fernando hicieron estallar una crisis acumulada durante años
La derrota de Trafalgar, las guerras contra Gran Bretaña y la crisis de la Hacienda habían debilitado profundamente a la monarquía de Carlos IV. Manuel Godoy, principal ministro y favorito de los reyes, concentraba buena parte del descontento de la nobleza, el clero y amplios sectores de la población.
En torno al príncipe Fernando se había formado una oposición cortesana que pretendía apartar a Godoy y aumentar la influencia del heredero. La conspiración de El Escorial, descubierta en octubre de 1807, reveló hasta qué punto se había deteriorado la relación entre Carlos IV y su hijo.
El Tratado de Fontainebleau permitió la entrada de tropas francesas para invadir Portugal. Sin embargo, después de ocupar Lisboa, nuevos ejércitos napoleónicos continuaron penetrando en España y tomaron fortalezas estratégicas. A comienzos de 1808 resultaba evidente que la presencia francesa ya no respondía únicamente a la campaña portuguesa.
Las guerras, la deuda y las dificultades de la Hacienda redujeron la capacidad de actuación del gobierno.
Nobles y cortesanos contrarios a Godoy se agruparon alrededor del príncipe Fernando.
Las tropas de Napoleón ocupaban rutas y fortalezas decisivas mientras seguían siendo presentadas como aliadas.
La política exterior, los rumores cortesanos y el temor a la ocupación alimentaron su impopularidad.
El avance francés y el temor a una salida de la familia real convirtieron el Real Sitio en el centro de la agitación política
Durante el invierno de 1807-1808, la familia real permanecía en Aranjuez mientras las tropas francesas avanzaban hacia Madrid. Godoy comprendió que la alianza con Napoleón había colocado a la Corona en una situación peligrosa y preparó medidas para alejarla de la capital si la presión militar aumentaba.
La concentración de carruajes y equipajes alimentó el rumor de que los reyes pretendían dirigirse a Andalucía y quizá embarcar hacia América, siguiendo el ejemplo de la Corte portuguesa. Godoy negó públicamente que existiera una huida inmediata, pero la sospecha ya se había extendido.
En la noche del 17 de marzo comenzó la agitación. Participaron habitantes del Real Sitio, empleados de palacio, soldados y seguidores del partido fernandino. Aunque tuvo una dimensión popular real, el movimiento fue favorecido y orientado por sectores de la Corte contrarios a Godoy.
No puede reducirse ni a una conspiración cortesana ni a un estallido completamente espontáneo. Existía un descontento popular auténtico, pero los partidarios del príncipe Fernando contribuyeron a movilizarlo y lo dirigieron contra Godoy para provocar un cambio de poder dentro de la monarquía.
El favorito real fue depuesto, capturado y salvado de la violencia por la intervención del príncipe Fernando
Los amotinados asaltaron y registraron la residencia de Godoy. El ministro consiguió ocultarse durante varias horas, mientras la multitud destruía muebles y buscaba documentos, dinero y pruebas de una supuesta traición.
Carlos IV intentó contener la revuelta anunciando la destitución de Godoy el 18 de marzo. La medida no puso fin al motín. En la mañana del día 19, el antiguo ministro fue descubierto, golpeado y conducido bajo custodia entre una multitud hostil.
Fernando intervino y prometió que Godoy sería juzgado, evitando que fuese asesinado. El gesto reforzó la imagen del príncipe como vencedor de la crisis. Godoy quedó encarcelado hasta que la presión de Napoleón consiguió su traslado a Bayona.
Carlos IV apartó a Godoy de sus cargos con la esperanza de detener la revuelta.
Después de permanecer escondido, Godoy fue localizado y entregado a la custodia de los guardias.
El príncipe contuvo a la multitud y prometió someter al antiguo favorito a un proceso.
La caída de Godoy destruyó el centro político del gobierno de Carlos IV.
La presión del motín produjo un cambio de rey que Napoleón se negó a reconocer inmediatamente
El 19 de marzo, Carlos IV abdicó en su hijo. El documento presentó la decisión como voluntaria y motivada por su estado de salud, pero el rey había actuado bajo la presión directa del motín y después sostuvo que la renuncia había sido forzada.
Fernando fue proclamado rey y recibió el apoyo entusiasta de quienes lo consideraban víctima de Godoy y esperanza de renovación. Comenzaba así el primer y brevísimo reinado de Fernando VII, que se prolongó de hecho hasta las renuncias de Bayona.
Carlos IV solicitó la intervención de Napoleón y le comunicó que no consideraba válida su abdicación. El emperador se encontró con dos aspirantes enfrentados que buscaban su respaldo. En lugar de arbitrar sinceramente, utilizó el conflicto para apropiarse de los derechos dinásticos.
El nuevo rey fue recibido con entusiasmo popular, pero carecía del control militar y diplomático de la situación
El mariscal Joaquín Murat entró en Madrid el 23 de marzo al frente de un poderoso ejército francés. Al día siguiente Fernando VII hizo su entrada solemne en la capital y fue aclamado por una población que esperaba el final de la política de Godoy.
Murat evitó reconocer formalmente al nuevo monarca y mantuvo contactos con Carlos IV y María Luisa. El ejército francés controlaba la capital y las comunicaciones, de modo que Fernando necesitaba la aprobación de Napoleón para consolidar su posición.
Los consejeros del rey confiaban todavía en que Napoleón aceptaría el cambio de soberano y conservaría la alianza. Esa esperanza llevó a Fernando a abandonar Madrid y dirigirse al norte para recibir al emperador, entregando la dirección del reino a una Junta de Gobierno.
Porque creía que el reconocimiento del emperador consolidaría su acceso al trono y garantizaría la alianza francesa. Su gobierno subestimó la intención de Napoleón de sustituir a los Borbones y sobrevaloró su propia capacidad de negociación.
Napoleón atrajo por separado a Fernando VII, Godoy y los reyes padres hasta territorio francés
Fernando salió de Madrid el 10 de abril. Esperaba encontrarse pronto con Napoleón, pero los enviados franceses lo animaron a continuar hasta Burgos, Vitoria e Irún. Pese a las advertencias recibidas, cruzó la frontera y llegó a Bayona el 20 de abril.
Napoleón recibió al rey con cortesía, pero no reconoció su título. Le exigió que devolviera la Corona a Carlos IV y dejó claro que pretendía transformar la monarquía española. Fernando y sus acompañantes se encontraban en territorio francés, sin fuerzas propias y con escasa capacidad para resistir las presiones imperiales.
Godoy llegó a Bayona el 26 de abril después de ser liberado por orden de Murat. Carlos IV y María Luisa lo hicieron el día 30. Napoleón había logrado reunir a todos los protagonistas de la crisis bajo su vigilancia y podía enfrentar sus reclamaciones.
El nuevo rey parte para recibir a Napoleón y deja una Junta de Gobierno en la capital.
Fernando cruza la frontera y queda sometido a la presión política del emperador.
El antiguo ministro es liberado y trasladado a Francia por exigencia napoleónica.
Los reyes padres reclaman sus derechos y se colocan bajo la protección de Napoleón.
Carlos IV y Fernando se acusaron mutuamente mientras el emperador imponía su propia solución dinástica
Carlos IV insistió en que la renuncia de Aranjuez era inválida porque había sido arrancada por la violencia. Fernando defendió que su proclamación había sido legítima y trató de conservar la Corona mediante negociaciones y propuestas condicionadas.
La tensión culminó el 5 de mayo en una dura entrevista familiar. Los reyes padres responsabilizaron a Fernando del motín, de la caída de Godoy y del peligro que amenazaba a la dinastía. Napoleón utilizó las recriminaciones para obligar al príncipe a ceder.
Las noticias del levantamiento del 2 de mayo en Madrid reforzaron la presión francesa. Napoleón presentó la resistencia popular como una consecuencia de la incapacidad de los Borbones para gobernar y amenazó con tratar a Fernando como responsable de una insurrección contra Francia.
Una sucesión de documentos entre el 5 y el 10 de mayo apartó del trono a Carlos IV, Fernando VII y los demás infantes
Carlos IV cedió a Napoleón sus derechos sobre la Corona española a cambio de garantías económicas, residencias y protección para su familia y para Godoy. El acuerdo excluía en teoría la fragmentación del reino y la imposición de una religión distinta de la católica.
Fernando devolvió sus derechos a su padre sin saber inicialmente que este ya los había cedido al emperador. A cambio recibió rentas, propiedades y el castillo de Valençay como residencia. Sus hermanos Carlos María Isidro y Antonio Pascual renunciaron también a sus derechos dinásticos.
Los documentos fueron fechados y publicados de manera que ofrecieran una apariencia de continuidad jurídica: Fernando devolvía la Corona a Carlos IV, Carlos la cedía a Napoleón y este podía entregarla a un miembro de su familia. Para gran parte de la población española, sin embargo, las renuncias carecían de legitimidad por haberse realizado fuera del reino y bajo coacción.
El joven monarca renunció a favor de su padre y perdió el breve poder adquirido en Aranjuez.
Carlos IV transfirió a Napoleón sus derechos sobre España y las Indias.
El emperador obtuvo la facultad de colocar una nueva dinastía en el trono español.
Fernando y los infantes quedaron confinados en Valençay; Carlos IV y María Luisa marcharon al exilio.
Porque no hubo una única renuncia. Fernando VII devolvió sus derechos a Carlos IV; Carlos cedió los suyos a Napoleón; y otros miembros de la familia real renunciaron también. Napoleón reunió estos actos para construir una cadena jurídica que justificara el cambio de dinastía.
La sustitución dinástica intentó presentarse como una reforma política, pero fue recibida como una imposición extranjera
Napoleón ofreció inicialmente la Corona a su hermano Luis y, tras su negativa, designó a José Bonaparte, hasta entonces rey de Nápoles. La proclamación de José como rey de España y de las Indias se produjo el 6 de junio de 1808.
Una asamblea de notables españoles fue convocada en Bayona para aprobar una nueva organización política. El Estatuto de Bayona, promulgado en julio, conservaba la monarquía y el catolicismo, pero introducía reformas administrativas, fiscales y jurídicas inspiradas por el modelo napoleónico.
La nueva monarquía contó con colaboradores españoles, conocidos como afrancesados, pero nació condicionada por la ocupación militar. En buena parte del país, las juntas surgidas durante la insurrección rechazaron las renuncias y continuaron reconociendo a Fernando VII como rey legítimo.
El hermano mayor de Napoleón fue proclamado rey y trató de impulsar un programa reformista.
La carta otorgada estableció las bases institucionales de la nueva monarquía bonapartista.
Funcionarios e intelectuales colaboraron con José I por convicción reformista, continuidad administrativa o necesidad.
La ocupación militar y la ausencia de consentimiento convirtieron el cambio de dinastía en una imposición ilegítima para sus adversarios.
La resistencia a Napoleón dio origen a juntas, nuevas instituciones y un debate decisivo sobre la soberanía
El levantamiento del 2 de mayo había estallado antes de que las abdicaciones fueran conocidas públicamente. La noticia de las renuncias y de la designación de José Bonaparte extendió la rebelión por numerosas ciudades y provincias durante las últimas semanas de mayo.
Ante la ausencia de un monarca aceptado, las juntas locales y provinciales afirmaron actuar en nombre de Fernando VII. Más tarde coordinaron la resistencia mediante la Junta Suprema Central. La crisis dinástica abrió así una pregunta fundamental: quién debía ejercer la soberanía cuando el rey estaba ausente y las instituciones tradicionales habían cedido.
La respuesta conduciría a la convocatoria de las Cortes de Cádiz y a la Constitución de 1812. Al mismo tiempo, las abdicaciones debilitaron la autoridad peninsular sobre los territorios americanos, donde también se formaron juntas y se aceleraron los procesos de emancipación.
Tres meses que alteraron la legitimidad política y el futuro de la monarquía española
España permite el paso de tropas francesas destinadas oficialmente a la invasión de Portugal.
Las tropas napoleónicas controlan plazas estratégicas y aumentan la alarma de la Corte.
La multitud asalta la residencia de Godoy y exige su destitución.
Godoy es capturado y Carlos IV entrega la Corona a su hijo Fernando.
El ejército francés entra en la capital y evita reconocer formalmente a Fernando VII.
El nuevo rey es recibido con entusiasmo popular.
Fernando abandona Madrid para obtener el reconocimiento de Napoleón.
El monarca cruza la frontera francesa y queda sometido a la presión de Napoleón.
Los reyes padres reclaman que se declare inválida la abdicación de Aranjuez.
La salida de los últimos infantes provoca una insurrección reprimida por las fuerzas de Murat.
Los Borbones renuncian y Napoleón obtiene los derechos sobre la Corona española.
La Gaceta de Madrid difunde los documentos que presentan oficialmente la transferencia de la Corona.
La insurrección se extiende y aparecen autoridades que gobiernan en nombre de Fernando VII.
Napoleón entrega la Corona española a su hermano José.
La nueva monarquía promulga una carta otorgada con reformas políticas y administrativas.
Reyes, príncipes, ministros y emperadores en la lucha por la Corona
Carlos IV
Abdicó en Aranjuez, impugnó después su renuncia y cedió sus derechos a Napoleón en Bayona.
Fernando VII
Accedió al trono tras el motín, pero renunció en Bayona y quedó confinado en Valençay.
Manuel Godoy
Principal ministro de Carlos IV, depuesto y capturado durante el Motín de Aranjuez.
María Luisa de Parma
Reina consorte, defensora de Godoy y adversaria del partido reunido en torno a su hijo Fernando.
Napoleón Bonaparte
Aprovechó la división de los Borbones para obtener la Corona e imponer un cambio de dinastía.
José I Bonaparte
Hermano de Napoleón y nuevo rey de España desde junio de 1808.
Términos indispensables para comprender la crisis de 1808
La quiebra de la legitimidad monárquica abrió una guerra y un proceso revolucionario a ambos lados del Atlántico
El Motín de Aranjuez fue al mismo tiempo una revuelta contra Godoy y un golpe decisivo dentro de la familia real. Su triunfo sustituyó a Carlos IV por Fernando VII, pero dejó intacto el problema principal: España estaba ocupada por un ejército francés cuyo emperador no reconocía al nuevo rey.
En Bayona, Napoleón convirtió aquella disputa dinástica en una transferencia de soberanía. La renuncia de los Borbones le permitió presentar la entrega de la Corona a José como una sucesión jurídicamente ordenada, aunque había sido obtenida bajo presión y sin consentimiento del país.
El rechazo a la nueva dinastía rompió las estructuras políticas del Antiguo Régimen. Las juntas asumieron el gobierno, organizaron la guerra y abrieron un debate sobre la soberanía nacional. La crisis de 1808 fue por ello mucho más que un cambio de rey: marcó el comienzo de la revolución liberal española y aceleró la transformación del mundo hispánico.
El favorito perdió el poder y la monarquía de Carlos IV quedó políticamente desarticulada.
Carlos IV y Fernando VII buscaron el apoyo de Napoleón y debilitaron mutuamente su legitimidad.
Napoleón obtuvo los derechos de los Borbones y entregó el trono a José Bonaparte.
La resistencia española se integró en una guerra peninsular con participación británica y portuguesa.
Las juntas ocuparon el espacio dejado por las instituciones que habían aceptado las órdenes francesas.
La falta de un rey efectivo impulsó juntas y movimientos políticos en los territorios americanos.
Napoleón intentó dotarlas de apariencia jurídica mediante una cadena de renuncias y acuerdos. Sus adversarios las consideraron nulas porque se realizaron bajo coacción, fuera de España y sin consentimiento de la nación. Esta disputa de legitimidad fue central en la formación de las juntas y en el posterior principio de soberanía nacional proclamado por las Cortes de Cádiz.
Documentos y estudios para profundizar en Aranjuez, Bayona y la crisis de 1808
¿Te ha resultado útil esta página?
Gracias por tu opinión.