Monarquía absoluta
La soberanía se identificaba fundamentalmente con el rey.
Entre 1788 y 1814 la monarquía absoluta española atravesó una crisis que terminó transformando el país. La Revolución francesa, las guerras europeas, la dependencia de Napoleón, la crisis dinástica de 1808, la Guerra de la Independencia y la revolución liberal de Cádiz quebraron el orden heredado del siglo XVIII y abrieron el gran conflicto entre absolutismo y liberalismo que marcaría buena parte del siglo XIX.
Dos ideas permiten comprender por qué la crisis iniciada a finales del siglo XVIII terminó transformando el sistema político español
El Antiguo Régimen era el sistema político, social y económico heredado de la Edad Moderna. En España se apoyaba en una monarquía absoluta, una sociedad dividida jurídicamente en estamentos y una economía fundamentalmente agraria.
Nobleza y clero conservaban privilegios fiscales y jurídicos, mientras buena parte de la tierra permanecía vinculada a señoríos, mayorazgos y propiedades eclesiásticas. Las reformas ilustradas del siglo XVIII intentaron modernizar la monarquía sin cuestionar sus fundamentos.
La soberanía se identificaba fundamentalmente con el rey.
Nobleza y clero disfrutaban de privilegios frente al resto de la población.
La agricultura dominaba la producción y la mayor parte de la población vivía en el mundo rural.
La crisis no tuvo una única causa. La Revolución francesa alteró el equilibrio europeo y obligó a la monarquía española a combinar censura, guerra y cambios de alianzas. Al mismo tiempo aumentaron la deuda, los gastos militares y las dificultades comerciales.
El desprestigio de Godoy, el enfrentamiento entre Carlos IV y el príncipe Fernando y la creciente dependencia de Napoleón erosionaron la autoridad de la Corona. En 1808 la crisis dinástica convirtió aquellos problemas acumulados en una ruptura política abierta.
Las nuevas ideas y las guerras revolucionarias transformaron el contexto europeo.
La deuda, las guerras y la caída de ingresos debilitaron la capacidad de la Corona.
La alianza con Francia terminó facilitando la entrada y ocupación de tropas francesas.
Ocho episodios permiten seguir paso a paso la crisis de la monarquía, la guerra y el nacimiento del liberalismo
La Revolución francesa, las guerras europeas y la creciente dependencia de Francia debilitan la monarquía española.
La gran derrota naval agrava los problemas financieros, comerciales y estratégicos de la monarquía.
Fontainebleau, Aranjuez y Bayona provocan el hundimiento de la autoridad de la monarquía borbónica.
Una nueva monarquía reformista intenta gobernar una España ocupada y en guerra.
Resistencia, ejército regular, guerrilla e intervención británica terminan derrotando el dominio napoleónico.
El vacío de poder plantea una cuestión decisiva: quién debe gobernar cuando el rey legítimo está ausente.
La soberanía nacional y la Constitución de 1812 abren el camino del liberalismo político español.
El rey restaura el absolutismo, pero ya no puede borrar la experiencia política nacida durante la guerra.
De la llegada de Carlos IV al trono a la restauración absolutista de Fernando VII
1788 · 1789 · 1805 · 1808 · 1810 · 1812 · 1814
De Carlos IV y la crisis de la monarquía a la Guerra de la Independencia, las Cortes de Cádiz y la restauración absolutista de Fernando VII.
La crisis abrió conflictos y transformaciones que reaparecerían durante todo el siglo XIX
Entre el comienzo del reinado de Carlos IV y el regreso de Fernando VII se produjo una transformación política de enorme profundidad. La monarquía absoluta quedó debilitada por las guerras, la crisis económica, la intervención napoleónica y sus propias divisiones internas.
La ocupación francesa provocó una guerra, pero también un problema de soberanía. Las juntas, la Junta Suprema Central y las Cortes de Cádiz terminaron formulando una respuesta revolucionaria: la autoridad política podía residir en la nación y no exclusivamente en el monarca.
Fernando VII restauró el absolutismo en 1814, pero el conflicto entre absolutismo y liberalismo ya estaba abierto y condicionaría buena parte de la historia política española del siglo XIX.
Cádiz formuló un programa constitucional que reaparecería durante todo el siglo.
La autoridad política dejó de concebirse exclusivamente como patrimonio del rey.
La guerra dio a los militares un protagonismo que después se trasladaría a la vida política.
La crisis de legitimidad favoreció la formación de juntas y los procesos independentistas.
Guerra, deuda y destrucción dejaron a la Hacienda y al comercio profundamente debilitados.
El gran conflicto político del siglo quedó planteado de forma irreversible.
No. Fernando VII restauró el absolutismo y anuló la obra de Cádiz, pero no pudo eliminar las transformaciones provocadas por la guerra ni las nuevas ideas políticas. El conflicto entre absolutismo y liberalismo quedó abierto y reaparecería con fuerza en 1820.
Monarcas, dirigentes y pensadores que protagonizaron la crisis
Carlos IV
Rey de España entre 1788 y 1808.
Manuel Godoy
Valido de Carlos IV y figura central de la política exterior.
Fernando VII
Rey en 1808 y restaurador del absolutismo en 1814.
Napoleón
Emperador francés e impulsor de la sustitución dinástica de 1808.
José I
Rey de España durante buena parte de la ocupación francesa.
Agustín de Argüelles
Uno de los principales diputados liberales de las Cortes de Cádiz.
Términos indispensables para comprender el periodo
Materiales para continuar estudiando el periodo
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