Monarquía absoluta
La soberanía se identificaba con el rey, aunque su poder estaba condicionado por leyes y cuerpos tradicionales.
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Entre el final del reinado de Carlos IV y el regreso de Fernando VII, España atravesó una ruptura histórica. La Revolución francesa, la dependencia de Napoleón, la invasión de 1808, la Guerra de la Independencia y la revolución liberal de Cádiz destruyeron el equilibrio político del siglo XVIII y abrieron el conflicto entre absolutismo y liberalismo que marcaría toda la centuria.
El sistema político, social y económico heredado de la Edad Moderna
El Antiguo Régimen era el conjunto de instituciones y relaciones sociales que habían organizado Europa durante la Edad Moderna. En España se apoyaba en una monarquía absoluta, una sociedad dividida jurídicamente en estamentos y una economía de base agraria en la que la tierra constituía la principal fuente de riqueza.
La nobleza y el clero disfrutaban de privilegios fiscales, jurídicos y políticos, mientras que el estado llano soportaba la mayor parte de los impuestos. Buena parte de la tierra permanecía vinculada a señoríos, mayorazgos y propiedades eclesiásticas.
La Corona había impulsado reformas ilustradas durante el siglo XVIII, pero sin cuestionar el absolutismo ni la sociedad estamental. La Revolución francesa demostraría que aquella modernización desde arriba ya no bastaba.
La soberanía se identificaba con el rey, aunque su poder estaba condicionado por leyes y cuerpos tradicionales.
Nobleza y clero disfrutaban de privilegios frente al resto de la población.
La agricultura dominaba la producción y la mayoría de la población vivía en el mundo rural.
La Iglesia poseía tierras y ejercía una gran influencia educativa, cultural y social.
Muchos campesinos pagaban rentas y prestaciones a señores laicos o eclesiásticos.
Aduanas, malas comunicaciones y privilegios corporativos dificultaban la integración económica.
Una Corona debilitada por la revolución, la guerra y la división interna
Carlos IV subió al trono en 1788. Un año después estalló la Revolución francesa, que alteró toda la política europea. La monarquía reforzó la censura, pero no pudo mantenerse al margen del conflicto.
Tras la ejecución de Luis XVI, España entró en guerra con la Francia republicana. La Guerra de la Convención terminó con la derrota española y la Paz de Basilea de 1795. Manuel Godoy orientó después la política exterior hacia una alianza con Francia.
Los Tratados de San Ildefonso vincularon a España con la estrategia francesa contra Gran Bretaña. Las consecuencias fueron pérdidas comerciales, ataques a las rutas americanas y una dependencia diplomática y militar cada vez mayor.
La derrota naval agravó una crisis económica que ya venía de lejos
La batalla de Trafalgar, librada en octubre de 1805, terminó con la derrota de la flota combinada hispano-francesa frente a la armada británica. España sufrió un golpe estratégico del que tardaría décadas en recuperarse.
La guerra interrumpió el comercio colonial y redujo los ingresos de la Corona. Al mismo tiempo aumentaron los gastos militares y la deuda pública. El gobierno recurrió a nuevas emisiones de vales reales y a la venta de bienes eclesiásticos.
Las malas cosechas, el encarecimiento de los alimentos y las dificultades de abastecimiento aumentaron el malestar social. La monarquía aparecía cada vez más incapaz de proteger los intereses del país.
Porque redujo la capacidad española para defender las comunicaciones con América y acentuó su dependencia de Napoleón precisamente cuando la alianza con Francia se volvía más peligrosa.
La descomposición de la monarquía borbónica en 1808
El Tratado de Fontainebleau de 1807 autorizó a las tropas francesas a atravesar España para ocupar Portugal. Napoleón utilizó la operación para introducir un ejército cada vez más numeroso y ocupar ciudades y fortalezas estratégicas.
La oposición a Godoy se agrupó en torno al príncipe Fernando. En marzo de 1808, el Motín de Aranjuez provocó la caída del valido y la abdicación de Carlos IV en su hijo.
Napoleón convocó a ambos monarcas en Bayona y obtuvo su renuncia a la Corona. Después transfirió los derechos dinásticos a su hermano José Bonaparte. Las abdicaciones de Bayona destruyeron la autoridad legítima y crearon un vacío de poder sin precedentes.
España permite el paso de tropas francesas para invadir Portugal.
Godoy cae y Carlos IV abdica en Fernando VII.
Carlos IV y Fernando VII renuncian a la Corona bajo la presión de Napoleón.
Un proyecto reformista condicionado por la ocupación militar
José Bonaparte fue proclamado rey de España en 1808. Su régimen se apoyó en el Estatuto de Bayona, una carta otorgada que introducía reformas administrativas y reconocía algunos derechos, aunque mantenía amplios poderes en manos del monarca.
El nuevo rey contó con el apoyo de los afrancesados: funcionarios, juristas e intelectuales que consideraban que la monarquía josefina podía modernizar el país y evitar una revolución más radical.
José I trató de reorganizar la administración y reducir determinadas estructuras del Antiguo Régimen. Sin embargo, su autoridad dependía del ejército francés y estaba limitada por los propios generales napoleónicos.
Guerra nacional, conflicto internacional, revolución política y guerra civil
El levantamiento madrileño del 2 de mayo de 1808 y la represión francesa extendieron la rebelión. Surgieron juntas locales y provinciales que asumieron el poder en nombre de Fernando VII.
La victoria española de Bailén obligó a José I a abandonar Madrid. Napoleón respondió entrando personalmente en España con un gran ejército y ocupando la mayor parte del territorio.
Entre 1809 y 1812, la guerra estuvo marcada por los sitios de Zaragoza y Gerona, la actuación de las guerrillas y la presencia de un ejército británico dirigido por Wellington.
Desde 1812, el debilitamiento del Imperio napoleónico cambió la situación. Los Arapiles, Vitoria y San Marcial precipitaron la retirada francesa. El Tratado de Valençay reconoció a Fernando VII como rey.
Amplios sectores combatieron contra una ocupación extranjera.
España fue uno de los escenarios decisivos de las guerras napoleónicas.
Patriotas y partidarios de José I defendieron proyectos incompatibles.
El vacío de poder permitió cuestionar la soberanía absoluta.
Las partidas armadas hicieron muy costosa la ocupación francesa.
El ejército de Wellington fue esencial en la derrota final francesa.
Quién debía gobernar cuando el rey legítimo estaba ausente
Las abdicaciones de Bayona plantearon una cuestión decisiva: si el rey legítimo había sido forzado a renunciar, ¿dónde residía la autoridad? En muchas ciudades y provincias se formaron juntas que afirmaban gobernar en nombre de Fernando VII.
Para coordinar la resistencia se creó la Junta Suprema Central, que asumió la representación de la monarquía y convocó Cortes. La guerra convirtió así un problema dinástico en una cuestión constitucional.
La Junta Central fue sustituida por una Regencia, pero la convocatoria de Cortes ya estaba en marcha. Cádiz se convirtió en el centro político de la España resistente.
El intento de construir una nueva España mientras continuaba la guerra
Las Cortes se reunieron por primera vez en 1810. Sus diputados procedían de la Península y de los territorios americanos, aunque la guerra dificultó una representación regular.
Desde sus primeras sesiones declararon que la soberanía residía en la nación. Aprobaron medidas contra los señoríos jurisdiccionales, defendieron la libertad de imprenta y promovieron una organización más uniforme del Estado.
La obra gaditana pretendía desmontar jurídicamente el Antiguo Régimen, pero su aplicación fue limitada: buena parte del territorio estaba ocupado y la administración era precaria.
El sistema electoral era amplio para su tiempo, aunque articulado por grados.
La autoridad política procede de la nación representada en las Cortes.
El poder se reparte entre las Cortes, el rey y los tribunales.
La nación se concibe como comunidad política de ambos hemisferios.
El rey conserva funciones importantes, pero queda sometido a la Constitución.
La religión católica se mantiene como única confesión permitida.
La restauración absolutista no pudo borrar la experiencia de Cádiz
Fernando VII regresó a España en 1814 rodeado de una enorme popularidad. Muchos lo consideraban «el Deseado», símbolo de la legitimidad frente a Napoleón.
Apoyado por los absolutistas y alentado por el Manifiesto de los Persas, anuló la Constitución de 1812 y la legislación de las Cortes. Comenzó la persecución de liberales y afrancesados.
A pesar de la restauración, el Antiguo Régimen ya no podía recomponerse plenamente. La guerra había difundido nuevas ideas y convertido al ejército en un actor político.
No. Fernando VII restauró el absolutismo, pero la experiencia de Cádiz hizo imposible regresar por completo a la situación anterior. El conflicto quedó abierto.
Los principales hitos entre 1788 y 1814
España entra en una etapa condicionada por la Revolución francesa.
España combate contra la Francia revolucionaria y firma la Paz de Basilea.
España se alía con Francia contra Gran Bretaña.
La flota hispano-francesa es derrotada por Gran Bretaña.
Las tropas francesas entran en España con el pretexto de invadir Portugal.
Godoy cae y Carlos IV abdica en Fernando VII.
Napoleón entrega la Corona a José I y comienza la insurrección.
España se convierte en escenario decisivo de las guerras napoleónicas.
Comienza la revolución política liberal.
Se proclaman la soberanía nacional y la monarquía constitucional.
Napoleón reconoce a Fernando VII como rey de España.
El rey anula la obra de Cádiz y restaura el absolutismo.
Monarcas, dirigentes y actores políticos de la crisis
Carlos IV
Rey de España entre 1788 y 1808.
Manuel Godoy
Valido de Carlos IV y responsable de la política exterior.
Fernando VII
Rey en 1808 y restaurador del absolutismo en 1814.
Napoleón
Emperador francés e impulsor de la sustitución dinástica.
José I
Rey de España durante la ocupación francesa.
Wellington
Comandante británico decisivo en la derrota francesa.
Agustín de Argüelles
Uno de los principales diputados liberales de Cádiz.
Términos indispensables para comprender el periodo
La crisis abrió el siglo XIX y condicionó toda la evolución posterior
La guerra destruyó ciudades, campos e infraestructuras.
La Hacienda quedó exhausta y el comercio colonial sufrió graves interrupciones.
Cádiz proporcionó un programa político que reaparecería durante todo el siglo.
La guerra dio protagonismo a jefes militares que después intervendrían mediante pronunciamientos.
La crisis de legitimidad favoreció la formación de juntas y los procesos independentistas.
La resistencia y las Cortes difundieron una concepción política moderna de España.
Afrancesados y liberales sufrieron persecución tras el regreso de Fernando VII.
La lucha entre absolutismo y liberalismo dominaría las décadas siguientes.
El orden anterior a 1808 ya no pudo reconstruirse plenamente.
Materiales para continuar estudiando el periodo
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