Fin de la Constitución
Fernando VII declaró nula la Constitución de 1812 y la legislación de las Cortes.
Fernando VII regresa tras la derrota de Napoleón, anula la obra de Cádiz y restaura el absolutismo en una sociedad transformada por la guerra.
La derrota francesa permitió a Napoleón reconocer a Fernando VII y negociar el final de su cautiverio
Las victorias aliadas de 1812 y 1813, culminadas en Vitoria y San Marcial, obligaron a los ejércitos franceses a retirarse. Con su poder debilitado en toda Europa, Napoleón negoció con Fernando VII, que permanecía en Francia desde las abdicaciones de Bayona.
El Tratado de Valençay, firmado en diciembre de 1813, reconocía a Fernando VII como rey de España. Las Cortes desconfiaron de un acuerdo negociado sin su autorización y condicionaron el reconocimiento del monarca a que jurase la Constitución de 1812.
El retorno del rey planteaba así una cuestión decisiva: si aceptaría el orden constitucional nacido durante su ausencia o trataría de recuperar la plenitud del poder absoluto.
El Deseado regresó después de seis años de ausencia y fue recibido con un amplio entusiasmo popular
Fernando VII regresó a España en 1814 después de seis años de ausencia. La derrota de Napoleón y el Tratado de Valençay habían permitido su retorno, que fue recibido con enorme entusiasmo por amplios sectores de la población. Para muchos españoles seguía siendo «el Deseado».
El itinerario del rey desde la frontera hasta Valencia le permitió comprobar el apoyo popular y recibir la adhesión de autoridades, militares y sectores absolutistas. En lugar de dirigirse inmediatamente a Madrid para jurar la Constitución, Fernando preparó la recuperación de sus poderes.
Una parte de la sociedad identificaba su regreso con el final de la guerra y la restauración de la normalidad. Esa esperanza no implicaba que existiese un acuerdo sobre el sistema político: liberales y absolutistas defendían proyectos incompatibles para la monarquía.
Durante la ocupación se convirtió en el símbolo de la legitimidad frente a José I y Napoleón. La propaganda y la experiencia de la guerra alimentaron una imagen idealizada del rey cautivo que no anticipaba claramente la política absolutista que aplicaría al regresar.
El apoyo absolutista y militar permitió al rey restaurar el poder absoluto de la Corona
El rey se negó a aceptar el sistema constitucional construido en Cádiz. Apoyado por los absolutistas y por el Manifiesto de los Persas, declaró nula la Constitución de 1812 y la legislación de las Cortes, restauró el poder absoluto de la Corona y comenzó la persecución de liberales y afrancesados.
El decreto de 4 de mayo de 1814 presentó la obra gaditana como ilegítima y suprimió las nuevas instituciones. En los días siguientes fueron detenidos diputados y escritores liberales, mientras el rey entraba en Madrid y restablecía instituciones del Antiguo Régimen.
La decisión tuvo consecuencias a ambos lados del Atlántico. Fernando VII rechazó también la reorganización constitucional de la monarquía y trató de recuperar por la fuerza los territorios americanos sublevados. En 1815 envió una gran expedición dirigida por Pablo Morillo, que logró importantes éxitos temporales en Venezuela y Nueva Granada.
Fernando VII declaró nula la Constitución de 1812 y la legislación de las Cortes.
La soberanía volvió a concentrarse en la Corona.
Liberales y afrancesados fueron perseguidos, encarcelados o empujados al exilio.
La Corona apostó por recuperar militarmente los territorios sublevados.
La restauración absolutista castigó tanto a los liberales de Cádiz como a quienes habían colaborado con José I
Los principales dirigentes liberales fueron encarcelados, confinados o forzados a abandonar el país. La libertad de imprenta desapareció y las publicaciones quedaron sometidas de nuevo a un estricto control. Muchos afrancesados, incluso quienes habían colaborado con José I para mantener la administración o promover reformas, partieron también al exilio.
La restauración absolutista no significó un regreso sencillo al mundo anterior a 1808. España había quedado profundamente dañada por la Guerra de la Independencia: la Hacienda estaba exhausta, la producción se había reducido y el comercio con América sufría una grave desorganización.
Fernando VII restauró instituciones del Antiguo Régimen y persiguió a quienes habían participado en la experiencia liberal. Muchos liberales marcharon al exilio y otros comenzaron a conspirar contra el absolutismo. El ejército, enormemente ampliado durante la guerra, se convirtió en un nuevo actor político.
La vuelta del absolutismo cerró la primera experiencia liberal, pero no resolvió los conflictos abiertos desde 1808
Napoleón reconoce a Fernando VII como rey de España.
Fernando VII cruza la frontera y emprende su viaje hacia Valencia.
Diputados absolutistas piden al rey la anulación de la obra gaditana.
El monarca declara nulas la Constitución de 1812 y las decisiones de las Cortes.
Fernando VII entra en la capital como rey absoluto.
Fernando VII restauró el absolutismo en 1814, pero el conflicto entre absolutismo y liberalismo ya estaba abierto y condicionaría buena parte de la historia política española del siglo XIX.
Las juntas, la experiencia de soberanía nacional, la legislación gaditana, la movilización militar y el exilio habían transformado el país. El pronunciamiento de Riego de 1820 demostraría que la Constitución y el liberalismo no habían desaparecido.
No. Fernando VII restauró el absolutismo y anuló la obra de Cádiz, pero no pudo eliminar las transformaciones provocadas por la guerra ni las nuevas ideas políticas. El conflicto entre absolutismo y liberalismo quedó abierto y reaparecería con fuerza en 1820.
¿Te ha resultado útil esta página?
Gracias por tu opinión.