Hambre
El bloqueo redujo progresivamente las reservas de alimentos y convirtió el abastecimiento en uno de los principales problemas de la defensa.
Tres asedios y una resistencia extraordinaria
Una plaza estratégica entre Barcelona y la frontera francesa
Durante la Guerra de la Independencia, Gerona se convirtió en uno de los principales obstáculos para el dominio francés de Cataluña. Su importancia no dependía únicamente de sus murallas: la ciudad se encontraba sobre una de las grandes vías de comunicación que unían Barcelona con la frontera francesa.
Mientras Gerona permaneciese en manos españolas, las comunicaciones francesas, el movimiento de tropas y el transporte de suministros hacia Barcelona podían verse amenazados. Por eso, una plaza que inicialmente había parecido secundaria terminó adquiriendo una importancia militar cada vez mayor.
La defensa se apoyaba en el recinto amurallado de la ciudad y en una serie de posiciones exteriores situadas sobre las alturas. Entre todas ellas destacaba especialmente el castillo de Montjuïc, situado al norte, cuya conservación resultaría decisiva durante el gran sitio de 1809.
Porque la ciudad amenazaba una de sus principales líneas de comunicación entre Barcelona y Francia. Su resistencia obligaba además a mantener importantes fuerzas francesas ocupadas en Cataluña.
20-21 de junio de 1808 · Un ataque que debía ser rápido
El primer intento francés de apoderarse de Gerona tuvo lugar el 20 de junio de 1808. El general Guillaume Philibert Duhesme, que mandaba las tropas francesas establecidas en Barcelona, avanzó sobre la ciudad con unos cinco mil hombres.
Sobre el papel, la operación parecía sencilla. Las fortificaciones gerundenses se encontraban deterioradas y la guarnición regular era reducida. Entre las unidades que participaron en la defensa destacó el regimiento de Ultonia, formado originariamente por soldados irlandeses al servicio de la Monarquía española.
Pero la resistencia fue mucho mayor de la esperada. A los militares se unieron habitantes de la ciudad y fuerzas locales, que participaron activamente en la defensa de murallas y baluartes.
Los ataques franceses fueron rechazados y, al día siguiente, Duhesme ordenó la retirada hacia Barcelona.
El resultado tuvo un efecto inmediato: una ciudad que los franceses creían vulnerable había conseguido rechazar a una fuerza muy superior. Gerona comenzaba a adquirir un enorme valor simbólico.
Julio-agosto de 1808 · Duhesme vuelve con más fuerzas
El fracaso de junio no hizo desaparecer el problema. Duhesme reorganizó sus fuerzas y regresó. El 22 de julio de 1808 comenzó un segundo sitio, esta vez con un contingente mucho más importante.
A las tropas de Duhesme se añadieron posteriormente las fuerzas mandadas por el general Honoré Charles de Reille. La operación pretendía someter definitivamente la ciudad y asegurar las comunicaciones francesas en Cataluña.
Sin embargo, los franceses se encontraron con un problema que sería una constante durante toda la guerra: controlar una ciudad no significaba controlar el territorio que la rodeaba.
Desde el exterior actuaban tropas regulares, somatenes y fuerzas dirigidas por jefes como Juan Clarós y Francisco Milans del Bosch, que amenazaban continuamente las posiciones y comunicaciones de los sitiadores.
El 16 de agosto, la presión combinada de los defensores, las fuerzas procedentes del exterior y una salida de la guarnición obligó a los franceses a abandonar nuevamente la operación.
Duhesme se retiró hacia Barcelona. Gerona había resistido por segunda vez.
Francia decide acabar definitivamente con la resistencia de Gerona
En 1809 la situación era diferente. Después de dos fracasos, los franceses estaban decididos a conquistar Gerona mediante una operación mucho más sistemática.
La defensa de la plaza había quedado bajo el mando del general Mariano Álvarez de Castro, que reforzó la organización militar de la ciudad, preparó las fortificaciones y adoptó una política de resistencia frente a cualquier intento de capitulación.
Las operaciones francesas comenzaron durante el mes de mayo y el cerco fue estrechándose progresivamente. El ejército sitiador contaba con artillería pesada, ingenieros y medios suficientes para emprender un auténtico sitio conforme a las técnicas militares de la época.
El mando superior francés en Cataluña correspondía a Laurent de Gouvion Saint-Cyr, mientras que Jean-Antoine Verdier tuvo un papel principal en la dirección de las operaciones contra la plaza.
Lo que comenzó como una operación militar se convertiría en una lucha de varios meses que afectaría no solo a los soldados, sino a toda la población de Gerona.
La posición que protegía el acceso septentrional a la ciudad
El castillo de Montjuïc, situado sobre una altura al norte de Gerona, era una de las piezas fundamentales de la defensa. Mientras permaneciese en manos españolas, los franceses tenían grandes dificultades para acercar sus baterías a determinados sectores de la ciudad.
Durante junio y julio de 1809, los sitiadores fueron avanzando lentamente. Construyeron trincheras, emplazaron nuevas baterías y atacaron las posiciones exteriores que protegían el castillo.
Montjuïc fue sometido a un intenso bombardeo. Sus defensas quedaron progresivamente destruidas y la guarnición sufrió numerosas bajas.
El 11 de agosto de 1809, después de semanas de combate y ante la imposibilidad de continuar defendiendo eficazmente la posición, los españoles abandonaron el castillo y se replegaron hacia la ciudad.
La pérdida de Montjuïc supuso un cambio decisivo. Los franceses podían ahora aproximar aún más sus posiciones y concentrar el fuego sobre las defensas urbanas.
Gerona había perdido su principal defensa exterior. Desde ese momento, el combate se acercó cada vez más a las murallas, las brechas y las propias calles de la ciudad.
19 de septiembre de 1809 · El gran asalto francés
Tras la caída de Montjuïc, la artillería francesa intensificó el bombardeo y abrió varias brechas en las defensas. El mando sitiador consideró que había llegado el momento de lanzar un asalto general.
El 19 de septiembre de 1809, columnas francesas avanzaron contra distintos puntos de las fortificaciones. El combate fue especialmente duro en torno a las brechas y posiciones próximas a Gironella y los cuarteles de Alemanes.
Durante horas se sucedieron ataques y contraataques. Soldados, artilleros y habitantes de la ciudad participaron en la defensa.
Finalmente los franceses fueron rechazados.
La jornada pasó a la memoria local como el Gran Día de Gerona y se convirtió en el episodio más célebre del sitio.
No. El gran asalto francés fracasó, pero la ciudad seguía cercada. A partir de entonces los sitiadores recurrieron cada vez más al bloqueo, confiando en que el hambre, la enfermedad y el agotamiento acabasen consiguiendo lo que no habían logrado los asaltos.
Hambre, enfermedad y destrucción
La historia de Gerona no puede entenderse únicamente como una sucesión de combates. A medida que avanzaba el sitio, la situación de la población civil se volvió cada vez más difícil.
El cerco impedía la entrada regular de alimentos y suministros. Los convoyes enviados desde el exterior tenían que atravesar las líneas francesas y solo en determinadas ocasiones consiguieron introducir refuerzos, ganado, municiones o víveres.
A la escasez se añadieron las consecuencias de los bombardeos. Viviendas, edificios religiosos y construcciones próximas a las defensas sufrieron graves daños.
Los hospitales se llenaron de heridos y enfermos. Las enfermedades, favorecidas por la concentración de población, la mala alimentación y las deficientes condiciones sanitarias, comenzaron a causar tantas o más bajas que los propios combates.
Durante el otoño de 1809, el principal enemigo de Gerona ya no era únicamente la artillería francesa: era el agotamiento físico de toda la ciudad.
El bloqueo redujo progresivamente las reservas de alimentos y convirtió el abastecimiento en uno de los principales problemas de la defensa.
Los hospitales tuvieron que atender simultáneamente a heridos de combate y a una población debilitada por la falta de alimentos y las epidemias.
El fuego de artillería dañó fortificaciones, viviendas y edificios de la ciudad durante meses.
La población civil organizada para sostener la defensa
Uno de los aspectos más singulares del sitio fue la participación organizada de las mujeres de la ciudad.
Durante el verano de 1809 se organizó la Compañía de Santa Bárbara, concebida como un cuerpo de mujeres encargado de prestar apoyo a quienes combatían en murallas, baluartes y fortificaciones.
Sus integrantes transportaban agua, alimentos, vendas y municiones, auxiliaban a los heridos y colaboraban en numerosas tareas indispensables para mantener la defensa.
Una cinta roja en el brazo permitía identificarlas. Entre las mujeres vinculadas a la compañía aparecen nombres como Raimunda Nouvilas y Maria Àngela Bivern.
Su presencia recuerda que la resistencia de Gerona no fue exclusivamente una operación militar. Durante meses, la propia ciudad se convirtió en parte de la defensa.
Diciembre de 1809 · La resistencia llega a su límite
Después del fracaso francés del 19 de septiembre, los grandes asaltos perdieron importancia. El cerco se transformó progresivamente en un bloqueo destinado a agotar la ciudad.
Las reservas de alimentos disminuyeron, las enfermedades se extendieron y la capacidad de combate de la guarnición se redujo de forma constante.
En diciembre, el propio Álvarez de Castro se encontraba gravemente enfermo y tuvo que abandonar el mando efectivo.
La situación militar era ya insostenible.
El 10 de diciembre de 1809, la junta militar encargada de la defensa acordó la capitulación con los franceses.
Al día siguiente, 11 de diciembre, la guarnición salió de la ciudad y entregó las armas.
Después de tres intentos y meses de operaciones, Gerona quedó finalmente en manos francesas.
La caída no fue consecuencia de un último asalto. Gerona fue vencida fundamentalmente por el bloqueo, el hambre, las enfermedades y el agotamiento de sus defensores.
Una victoria francesa obtenida a un coste enorme
La resistencia de Gerona se convirtió rápidamente en uno de los episodios más conocidos de la Guerra de la Independencia, pero el precio pagado por la ciudad fue extraordinariamente elevado.
La población sufrió meses de bombardeos, hambre y enfermedades. Numerosos edificios quedaron dañados o destruidos y la actividad económica quedó profundamente alterada.
También la guarnición quedó reducida por los combates y, sobre todo, por las enfermedades. Al terminar el sitio, tanto la población civil como las fuerzas disponibles eran muy inferiores a las existentes al comienzo de las operaciones.
Los franceses consiguieron finalmente controlar una plaza estratégica y mejorar sus comunicaciones en Cataluña.
Los meses de sitio dejaron importantes daños materiales y agravaron la crisis económica de la ciudad.
Combates, hambre y enfermedad provocaron una fuerte disminución de la población y de la guarnición.
La resistencia fue convertida posteriormente en uno de los grandes relatos heroicos de la Guerra de la Independencia.
Los principales momentos de los sitios de Gerona
Duhesme intenta conquistar Gerona con unos cinco mil hombres. La resistencia de la guarnición y de la población obliga a los franceses a retirarse.
Duhesme vuelve sobre Gerona con mayores fuerzas y posteriormente recibe los refuerzos de Reille.
La presión de los defensores y de las fuerzas españolas que actúan en el exterior obliga a Duhesme a levantar nuevamente el sitio.
La ciudad refuerza sus fortificaciones y se prepara para un nuevo ataque francés.
Las fuerzas francesas cercan Gerona, instalan baterías y comienzan las operaciones sistemáticas contra sus defensas.
Los franceses avanzan sobre las posiciones exteriores y someten el castillo de Montjuïc a un intenso bombardeo.
La guarnición española abandona el castillo, cuya defensa se ha vuelto insostenible, y se repliega hacia Gerona.
Un gran asalto francés contra las brechas abiertas en las defensas es rechazado después de horas de intenso combate.
Los franceses reducen los grandes asaltos y confían en el hambre, la enfermedad y el agotamiento para forzar la rendición.
La junta militar de Gerona acepta la rendición ante la imposibilidad de continuar la resistencia.
La guarnición sale de la ciudad y entrega las armas. Finaliza el gran sitio de 1809.
Los principales nombres de los sitios de Gerona
Gobernador militar y principal responsable de la defensa durante el gran sitio de 1809. Su figura quedó inseparablemente unida a la memoria de Gerona.
General francés que dirigió los dos primeros intentos de conquistar Gerona durante 1808.
Comandante del ejército francés en Cataluña durante buena parte de las operaciones de 1809.
General francés que tuvo un papel fundamental en la dirección de las operaciones de sitio contra Gerona.
Sustituyó a Saint-Cyr al frente del ejército francés de Cataluña durante la fase final del sitio.
Organizadas para auxiliar a soldados y heridos, simbolizan la implicación de la población civil en la resistencia de la ciudad.
De la experiencia de la guerra al relato histórico y cultural
Pocos episodios de la Guerra de la Independencia generaron una memoria tan intensa como los sitios de Gerona. Durante el siglo XIX, la resistencia de la ciudad fue transformándose en un relato de heroísmo colectivo en el que se mezclaban hechos históricos, memoria local, pintura, literatura y conmemoración pública.
El episodio inspiró numerosas obras históricas y artísticas. Entre las más conocidas se encuentra El gran día de Gerona, de César Álvarez Dumont, pintado hacia 1890, que convirtió el combate del 19 de septiembre en una gran escena de pintura histórica.
También Benito Pérez Galdós dedicó a la ciudad Gerona, uno de los primeros Episodios nacionales, publicado en 1874.
Estas representaciones contribuyeron a fijar durante generaciones una determinada imagen de los sitios: la de una ciudad unida frente al invasor. La investigación histórica actual permite completar esa memoria heroica con otras dimensiones igualmente importantes: el sufrimiento civil, las enfermedades, el hambre, las tensiones internas y el coste material de una resistencia prolongada.
Séptimo episodio de la primera serie de los Episodios nacionales. Publicado en 1874, recrea literariamente el gran sitio de 1809.
La pintura de César Álvarez Dumont, realizada hacia 1890, es una de las imágenes más conocidas de la memoria visual del sitio.
Militares, religiosos e historiadores dejaron numerosos testimonios que permiten reconstruir las operaciones y la vida cotidiana de la ciudad sitiada.
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