Estatuto Real de 1834
Introdujo unas Cortes limitadas sin reconocer plenamente la soberanía nacional.
La guerra obligó a la Corona a apoyarse en los liberales.
La guerra obligó a la Corona a apoyarse en los liberales
María Cristina no era inicialmente liberal, pero necesitaba el apoyo de quienes estaban dispuestos a defender los derechos de Isabel II frente al carlismo. Esa necesidad aceleró el desmantelamiento del absolutismo.
El Estatuto Real de 1834 abrió una limitada participación política, pero pronto resultó insuficiente para los progresistas. La presión revolucionaria de 1836 obligó a restaurar provisionalmente la Constitución de 1812 y condujo después a la Constitución de 1837.
Durante estos años se impulsaron medidas decisivas, como la desamortización de Mendizábal, la supresión de instituciones del Antiguo Régimen y la reorganización administrativa del Estado liberal.
Introdujo unas Cortes limitadas sin reconocer plenamente la soberanía nacional.
Estableció un régimen constitucional más amplio y buscó conciliar moderados y progresistas.
Mendizábal impulsó la venta de bienes eclesiásticos para financiar al Estado y transformar la propiedad.
La guerra carlista aceleró las reformas políticas y sociales.
Se desmontaron instituciones del Antiguo Régimen y se reforzó una administración centralizada.
Las dos grandes familias del liberalismo comenzaron a disputar el control del nuevo régimen.
Tras la muerte de Fernando VII, María Cristina de Borbón asume la regencia en nombre de Isabel II y busca apoyos para defender el trono de su hija frente al carlismo.
El gobierno de Martínez de la Rosa promulga el Estatuto Real, una carta otorgada que establece unas Cortes de participación muy restringida sin reconocer la soberanía nacional.
La presión de los sectores progresistas lleva a María Cristina a nombrar a Juan Álvarez Mendizábal, que impulsa un programa de reformas liberales.
El gobierno decreta la venta de numerosos bienes del clero regular para obtener recursos, reducir la deuda y reforzar los apoyos sociales al nuevo régimen liberal.
La sublevación de la guarnición de La Granja obliga a María Cristina a restablecer provisionalmente la Constitución de 1812 y entregar el poder a los progresistas.
Las Cortes aprueban una nueva Constitución que intenta conciliar principios progresistas con algunas posiciones moderadas y consolida el régimen liberal.
El acuerdo entre Espartero y Maroto pone fin a la guerra carlista en gran parte del norte y aumenta enormemente el prestigio político del general Espartero.
El conflicto por la Ley de Ayuntamientos enfrenta a la regente con los progresistas. María Cristina renuncia a la regencia y marcha al exilio, dejando el camino abierto a Espartero.
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