Legitimidad dinástica
Los carlistas defendían los derechos al trono de Carlos María Isidro.
Tradición, religión, legitimidad dinástica y defensa de los fueros.
Tradición, religión, legitimidad dinástica y defensa de los fueros
El carlismo no fue un movimiento homogéneo, pero compartió varios principios fundamentales: la defensa de la legitimidad de Carlos María Isidro, la monarquía tradicional, la religión católica y el rechazo de buena parte del programa liberal.
Encontró especial apoyo en zonas rurales del País Vasco, Navarra, Cataluña, Aragón y el Maestrazgo. En algunos territorios, la defensa de los fueros y de las instituciones propias se integró en la causa carlista, aunque el significado de esos apoyos fue diferente según las regiones.
El carlismo sobrevivió a la derrota militar de 1840. Durante todo el siglo XIX mantuvo una cultura política propia y volvió a protagonizar nuevos levantamientos y guerras.
Los carlistas defendían los derechos al trono de Carlos María Isidro.
La defensa de la religión y de la Iglesia ocupó un lugar central en el movimiento.
El carlismo rechazaba la transformación liberal de la monarquía.
En territorios como Navarra y el País Vasco, la cuestión foral se vinculó estrechamente a la causa carlista.
El movimiento tuvo una fuerte implantación en determinadas sociedades campesinas.
La derrota de 1840 no puso fin al carlismo como fuerza política y militar.
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