Fin de la Constitución
Fernando VII declaró nula la Constitución de 1812 y la legislación de las Cortes.
El regreso del rey, la anulación de la obra de Cádiz y el intento de recuperar militarmente América.
El Deseado regresó como rey absoluto y desmanteló la obra política de Cádiz
Fernando VII regresó a España en 1814 después de seis años de ausencia. La derrota de Napoleón y el Tratado de Valençay habían permitido su retorno, que fue recibido con enorme entusiasmo por amplios sectores de la población. Para muchos españoles seguía siendo «el Deseado».
El rey se negó a aceptar el sistema constitucional construido en Cádiz. Apoyado por los absolutistas y por el Manifiesto de los Persas, declaró nula la Constitución de 1812 y la legislación de las Cortes, restauró el poder absoluto de la Corona y comenzó la persecución de liberales y afrancesados.
La decisión tuvo consecuencias a ambos lados del Atlántico. Fernando VII rechazó también la reorganización constitucional de la monarquía y trató de recuperar por la fuerza los territorios americanos sublevados. En 1815 envió una gran expedición dirigida por Pablo Morillo, que logró importantes éxitos temporales en Venezuela y Nueva Granada.
Fernando VII declaró nula la Constitución de 1812 y la legislación de las Cortes.
La soberanía volvió a concentrarse en la Corona.
Liberales y afrancesados fueron perseguidos, encarcelados o empujados al exilio.
La Corona apostó por recuperar militarmente los territorios sublevados.
No fue su única causa. La crisis de 1808, las tensiones internas de la monarquía y los conflictos americanos eran anteriores y más amplios. Pero la restauración absolutista y la apuesta por la reconquista militar redujeron las posibilidades de una solución política negociada.
Entre 1814 y 1820 Fernando VII intentó reconstruir el absolutismo en un país devastado por la guerra
La restauración absolutista no significó un regreso sencillo al mundo anterior a 1808. España había quedado profundamente dañada por la Guerra de la Independencia: la Hacienda estaba exhausta, la producción se había reducido y el comercio con América sufría una grave desorganización.
Fernando VII restauró instituciones del Antiguo Régimen y persiguió a quienes habían participado en la experiencia liberal. Muchos liberales marcharon al exilio y otros comenzaron a conspirar contra el absolutismo. El ejército, enormemente ampliado durante la guerra, se convirtió en un nuevo actor político.
Entre 1814 y 1820 se produjeron varios pronunciamientos liberales, como los de Espoz y Mina, Porlier o Lacy. Todos fracasaron, pero mostraban que la revolución política de Cádiz no había desaparecido. Al mismo tiempo, la guerra americana absorbía recursos que la monarquía necesitaba desesperadamente para estabilizar la Península.
La guerra peninsular y la pérdida de ingresos americanos dejaron al Estado con graves problemas financieros.
Numerosos liberales abandonaron España para evitar la represión.
Militares liberales intentaron restablecer el sistema constitucional mediante sublevaciones.
La reconquista de América exigía tropas y dinero que agravaban las dificultades de la monarquía.
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