Corona fuerte
El rey conservaba un papel central en el nombramiento de gobiernos y en la vida parlamentaria.
Un marco flexible pensado para durar.
Un marco flexible pensado para durar
La Constitución de 1876 combinó elementos conservadores y liberales y evitó definir de forma rígida muchas cuestiones que podían dividir a los partidos. Esta flexibilidad contribuyó a su larga vigencia.
La soberanía se entendía como compartida entre el rey y las Cortes. La Corona conservaba amplios poderes: nombraba al gobierno, podía disolver las Cortes y convocar elecciones. El Parlamento era bicameral, formado por Congreso y Senado.
El texto reconocía derechos, pero su ejercicio podía ser regulado mediante leyes ordinarias. La religión católica se mantenía como religión oficial del Estado, aunque se toleraba el ejercicio privado de otras confesiones.
El rey conservaba un papel central en el nombramiento de gobiernos y en la vida parlamentaria.
El poder legislativo se organizaba en Congreso de los Diputados y Senado.
Muchas cuestiones se dejaban a la legislación ordinaria para facilitar la alternancia política.
Se reconocían derechos individuales, aunque su desarrollo dependía de las leyes.
El catolicismo continuó siendo la religión oficial del Estado.
El marco constitucional permitió gobernar tanto a conservadores como a liberales.
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